El llamado actual: Una educación no sexista e inclusiva

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Por: María Fernanda Díaz, Líder en Desarrollo Pedagógico en Colegium.

El recorrido histórico da cuenta de una larga lucha de la mujer por la igualdad de derechos y deberes en sociedad. En consecuencia, de ello, actualmente las mujeres ocupamos más cargos públicos, más directorios de empresas y estamos más vinculadas en la toma de decisiones importantes, lo cual, años atrás era imposible e incluso, impensado.

Se ha logrado la toma de conciencia en ciertos ámbitos (leyes que protegen de la discriminación y del abuso), pero no es suficiente, pues todavía hay una desigualdad tremenda en los planes de salud, en los sueldos, etc. Si bien el movimiento social puede considerarse como excesivo, en varios aspectos, los cambios sociales y culturales deben comenzar por un movimiento que llame la atención de todas las estructuras e inste a la reflexión.

La escuela es uno de los lugares centrales en donde se debe educar en base a la igualdad de género. Es por eso que se ha planteado la búsqueda de prácticas cotidianas que erradiquen las visiones machistas en cuanto a las diferencias entre niño o niña, y potencie las habilidades de forma equiparada sin sesgos respecto a qué pueden o no hacer.

Un ejemplo de lo mencionado anteriormente es la preconcepción social de que los hombres son mejores en matemáticas y ciencias que las mujeres. De hecho, según cifras de la UNESCO, sólo el 32% de participación en ciencia y tecnología que se desarrolla en Chile es protagonizada por mujeres. Este índice, es uno de los más bajos de toda Latinoamérica, en cuanto a paridad de género.

Los profesores, directivos, paradocentes, y todos los que están a cargo de la educación, deben ser los principales impulsores de este cambio de pensamiento, pues desde de ellos nace el paradigma con el que crecerán las futuras generaciones.

Sumado a lo anterior, campañas tan simples como eliminar el lenguaje sexista, o censurar dichos como “correr como niñas”, “lanzar como niñas”, que denostan las capacidades de las mujeres, limitando sus expectativas del futuro, y al mismo tiempo, relevando su condición de mujer como un impedimento para desenvolverse con libertad en la sociedad, son fundamentales de practicar dentro del aula.

En definitiva, la sala de clases debe convertirse en un espacio de creación, pensamiento, reflexión y conocimiento, libre de sesgos y con un especial enfoque en potenciar por igual las habilidades de hombres y mujeres.

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